Jorge asintió… pero ya estaba imaginando luces, juegos y olores dulces.
Justo entonces, el globo comenzó a desinflarse. Jorge flotó suavemente hacia un árbol del parque. Se sujetó de una rama justo a tiempo.
En la feria, todo era enorme. Había carruseles, puestos de algodón de azúcar y un globo amarillo gigante atado a una silla.
Jorge bajó la cabeza, pero sonrió. Después, compartieron un algodón de azúcar y Jorge prometió (con los dedos cruzados detrás de la espalda) que la próxima vez no tocaría los globos sin permiso.